
¿Recordáis aquel verano de noche despejada, durante los días de vacaciones, fuera de la gran ciudad, disfrutando en la casa de campo o de la playa, recordáis aquellos instantes sublimes en los que sentados o tumbados contemplábais el Cielo?
Aquel olor a campo, a trigo, a árboles frutales, el cantar del riachuelo. El cantar de las ranas a lo lejos en el silencio y en la envolvente y apacible oscuridad.
¡Aquellas estrellas amigas del alma!
Aquí siguen, caminando con nosotros y continuando su gran labor a nuestro lado. Permitamos a nuestras amigas escuchar la voz de nuestro corazón. ¡Abréles tu corazón! Y después, como en aquellos instantes del recuerdo, recojamos sus mensajes, en la muda noche, en la serena noche. Es nuestra oportunidad para entrar en la paz, este mágico instante:
Las estrellas son agujeros por los que se filtra la luz del infinito.
(Confucio)
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